Vivir su sueño

11Llevaba un rato observándola mientras apuraba el último sorbo de su copa de coñac. Su vestido blanco marcaba su silueta y destacaba su moreno dorado. Su pelo ondulado caía en cascada sobre sus hombros desnudos, extremadamente sensual. Milagrosamente, aquella mujer enigmática, alzó su tez morena y sus miradas se encontraron. Las palabras sobraban en aquel diálogo; sus ojos, de un verde mar luminoso, eran como sumergirse en un océano y no querer salir nunca más de él. La estancia, se fundió en una luz tenue, donde sólo cabían aquellas dos almas que se encontraban en un espacio único, de incomparable y difícil descripción. Decidió acercarse a ella con cuidadosa calma. No quería incomodarla, pero sobre todo, no quería que lo percibiera como un hombre insensible. No quería asustarla, sino transmitirle aquella vorágine de emociones que ella despertaba en él. Se aproximó con sigilo y delicada parsimonia, hasta que quedaron frente a frente, pero sin traspasar la distancia íntima. Lentamente, los dos fueron ganando espacio a la distancia que los separaba, distancia que debían conquistar y que impedía rozar su piel. Su corazón parecía no tener espacio en su pecho y temía que ella lo descubriera. Posó su pulgar en la comisura de sus labios y trazó la línea de su labio inferior. Lentamente, acercó su boca a la de ella, apenas rozándola, percibiendo su aliento como una ola de brisa fresca y, susurrándole al oído, le dijo: “vendería hasta mi alma al diablo porque tú desearas besarme en este instante”. Fue entonces cuando ella extendió sus brazos y rodeó su cuello, acercó su boca a la de él y lo besó. Lo besó como nadie lo había besado; lo acarició como ya no recordaba mientras bailaban la misma música, al mismo ritmo, al mismo son. En ese instante, sus respiraciones se agitaron y dos corazones latieron acompasados, al ritmo que las emociones marcaban; dos cuerpos que se encontraban en un río de sensaciones nuevas, sin límites, sin fin… hasta verterse en un mar diáfano de aguas calmas.

Abrió los ojos y miró a su alrededor con incredulidad. No lograba recordar cómo había llegado hasta allí.  Aquella estancia, le parecía insoportablemente angosta y lúgubre. Se levantó tambaleándose y se metió en la ducha. El agua recorría dulcemente su cuerpo, acariciando palmo a palmo su piel. No sabía cómo salir de aquel hechizo. Se vistió con esmero mientras barajaba el bullir de su pensamiento. Abrió la puerta y bajó las escaleras con decisión y una idea clara en su mente: ¡Vivir su sueño!

Autora: María Coca.

Nacionalidad: Española

foto 1

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